Para lo que hace un fotógrafo cada semana, la decisión cabe en cuatro líneas: JPEG para todo lo que envías o publicas, TIFF (o el PSD de tu editor) para el máster que vas a volver a tocar, PNG solo si necesitas transparencia o bordes duros de gráfico, y WEBP cuando el peso de la página importa. Todo lo demás son matices, y los matices vienen abajo.

La pregunta de fondo no es cuál es “mejor”. Es una sola: ¿este archivo se vuelve a abrir para editarlo, o ya es el resultado final? Un formato con pérdida tira información para pesar menos, y esa información no vuelve. Si el archivo es un destino, no pasa nada. Si es una parada intermedia, cada guardado te cobra peaje.

¿Qué formato uso para cada cosa?

FormatoCompresiónTransparenciaBits por canalPara qué sirveQué NO hace
JPEG (.jpg)Con pérdidaNo8Enviar, publicar, imprimir en laboratorio, entregar al clienteNo guarda capas ni transparencia, y se degrada al reguardar
PNGSin pérdidaSí (canal alfa)8 o 16Logotipos, capturas de pantalla, gráficos con texto, recortesPesa mucho en fotografía; no guarda capas
TIFFSin pérdida8 o 16El máster editable y el archivo de largo plazoPesa muchísimo y no todos los servicios lo aceptan
WEBPAmbas8Imágenes de web, donde el peso de página cuentaSoporte irregular fuera del navegador
HEICCon pérdida8 o másEl formato por defecto de muchos teléfonosDa problemas al entregarlo a terceros
GIFSin pérdida, 256 coloresSí, de 1 bitAnimaciones cortas y poco másDestroza cualquier fotografía

El RAW no está en esa tabla a propósito: no es un formato de salida, es el negativo. Si la duda es si disparar en RAW o en JPEG, esa decisión tiene su propia página en RAW vs JPEG y su entrada en el glosario. Aquí hablamos de qué exportas después de revelarlo.

Con pérdida y sin pérdida: la diferencia que decide todo

Sin pérdida significa que el archivo comprimido contiene exactamente los mismos píxeles que el original. Se encoge buscando repeticiones, igual que un ZIP, y al abrirlo reconstruye el dato original bit a bit. TIFF y PNG funcionan así.

Con pérdida significa que el algoritmo decide qué información puede tirar sin que tu ojo lo note, y la tira. JPEG divide la imagen en bloques y descarta el detalle fino, sobre todo en el color, porque el ojo humano es mucho más sensible al brillo que al tono. Por eso un JPEG al 90 % de calidad puede pesar la décima parte que el TIFF equivalente y verse igual en pantalla.

Lo importante es que esa decisión es irreversible. Subir la calidad de un JPEG al reguardarlo no recupera nada: solo pesa más el mismo daño.

¿Por qué mi JPEG se degrada cada vez que lo guardo?

Porque cada guardado vuelve a comprimir. Abres un JPEG, lo giras, lo guardas: el algoritmo comprime un archivo que ya estaba comprimido, y los errores se acumulan. Es lo que se llama pérdida generacional, y se nota primero en los bordes de contraste alto —el texto sobre fondo liso, la rama contra el cielo— donde aparecen unos halos sucios característicos.

Un TIFF no tiene ese problema: lo puedes abrir y guardar cien veces y sigue siendo el mismo píxel.

La regla práctica que evita el problema entero: edita siempre sobre el RAW o sobre un máster sin pérdida, y exporta un JPEG nuevo cada vez que necesites uno. El JPEG es el resultado, nunca el material de trabajo. Cómo organizar esos másteres y sus derivados es justo lo que cubre la guía de gestión de archivos y flujo de trabajo.

Profundidad de bits: 8 o 16, y cuándo importa

Un archivo de 8 bits por canal guarda 256 niveles de rojo, 256 de verde y 256 de azul. Uno de 16 bits guarda 65.536 niveles de cada uno. En pantalla, ya revelada, la diferencia no se ve: 256 niveles bastan para representar una foto.

Se ve cuando editas fuerte. Si levantas dos pasos las sombras de un cielo degradado en 8 bits, estiras esos 256 niveles sobre un rango mayor y los saltos entre uno y otro se vuelven visibles: aparecen bandas en lugar de una transición suave. En 16 bits hay tanto margen entre nivel y nivel que el estirón no se nota.

Traducido a decisiones: revela en 16 bits, guarda el máster en TIFF de 16 bits si vas a seguir trabajándolo, y exporta a JPEG de 8 bits al final, cuando ya no queda edición por hacer. El JPEG solo existe en 8 bits, y para un archivo terminado es suficiente.

¿JPG o PNG?

Es la duda más frecuente y tiene una respuesta corta: para una fotografía, JPEG casi siempre; para un gráfico, PNG.

Primer plano del objetivo de una cámara

PNG comprime sin pérdida buscando patrones y zonas de color plano. Un logotipo, una captura de pantalla o un diagrama tienen exactamente eso, así que PNG los guarda perfectos y ligeros. Una fotografía no tiene zonas planas —tiene ruido, grano y variación en cada píxel—, de modo que PNG no encuentra nada que comprimir y el archivo se dispara, muchas veces a varias veces el peso del JPEG equivalente, sin ninguna ventaja visible.

La excepción real es la transparencia. JPEG no tiene canal alfa: no puede guardar un fondo transparente, y lo que era transparente se rellena de blanco al exportar. Si has recortado un producto de su fondo y necesitas que se pueda montar sobre cualquier color, tiene que ser PNG, o TIFF, o WEBP.

Y una aclaración que ahorra discusiones: .jpg y .jpeg son el mismo formato. La extensión de tres letras es una herencia de sistemas antiguos que no admitían cuatro.

WEBP, HEIC y AVIF: el navegador y el teléfono

WEBP hace las dos cosas: comprime con pérdida como el JPEG y sin pérdida como el PNG, admite transparencia, y a igualdad de calidad visual suele producir archivos apreciablemente más ligeros que el JPEG. Para las imágenes de un sitio web es la opción sensata. Fuera del navegador el soporte es más irregular, así que no lo uses para entregar a un cliente que va a abrir el archivo en cualquier programa.

HEIC es lo que dispara por defecto buena parte de los teléfonos actuales. Comprime mejor que el JPEG y admite más profundidad de color, pero sigue provocando el mismo problema de siempre: llega a un ordenador o a un laboratorio que no lo abre. Si vas a entregar fotos de teléfono a alguien, conviértelas a JPEG antes, o cambia el ajuste de la cámara a “más compatible”.

AVIF es el más eficiente de los tres y va ganando soporte en navegadores. Merece la pena tenerlo en el radar para web; todavía no para archivo.

Qué se pierde por el camino además de píxeles

Un detalle que se olvida al exportar: el formato decide también qué metadatos sobreviven. JPEG y TIFF transportan EXIF sin problema —fecha, cámara, focal, exposición—, y PNG lo hace de forma mucho más limitada. Si borras esos datos al exportar, pierdes el registro de cómo hiciste la foto; los detalles están en la entrada de metadatos EXIF.

Lo mismo pasa con el perfil de color. Un archivo sin perfil incrustado es una imagen cuyos números nadie sabe interpretar, y el resultado típico es una foto que se ve apagada en el navegador de otra persona. Exporta siempre con el perfil incrustado, y en sRGB para cualquier cosa que vaya a una pantalla ajena: el porqué está en perfil de color.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el mejor formato de imagen para imprimir?

JPEG a máxima calidad en sRGB o Adobe RGB sirve para prácticamente cualquier laboratorio, y es lo que casi todos piden. Si la impresión es grande y el laboratorio lo acepta, un TIFF de 16 bits conserva más margen en los degradados. Lo que decide la calidad del papel no es el formato sino los píxeles: consúltalos en la calculadora de tamaño de impresión.

¿Pierdo calidad al convertir un PNG a JPEG?

Sí, aunque el PNG fuera perfecto. La conversión aplica compresión con pérdida por primera vez y, además, rellena de blanco cualquier zona transparente. Al revés —de JPEG a PNG— no recuperas nada: obtienes un archivo mucho más pesado que conserva exactamente los mismos defectos.

¿Qué formato ocupa menos espacio?

Con fotografías, normalmente WEBP o AVIF con pérdida, seguidos del JPEG. Con gráficos de color plano, PNG puede ganarles porque comprime sin pérdida lo que en una foto no existe. La comparación solo tiene sentido a igualdad de calidad visual: cualquier formato con pérdida pesa lo que tú le digas que pese.

¿Debo guardar mis originales en TIFF?

Si disparas en RAW, no hace falta: el RAW ya es tu original y ocupa menos que un TIFF de 16 bits. El TIFF tiene sentido como máster intermedio cuando has hecho una edición costosa con capas que quieres conservar, o cuando digitalizas material analógico y el escaneo es el único original que existe.

Qué revisar antes de exportar

Tres cosas, en este orden: el espacio de color (sRGB si sale de tu equipo), la profundidad de bits (8 si es el archivo final, 16 si queda edición) y si hay transparencia que salvar. Con esas tres respuestas el formato se elige solo, y no vuelves a dudar delante del cuadro de exportación.

Las 44 tarjetas de Enfogram traen impresos los ajustes y las tablas de referencia en A4 y A5, para resolver en el momento lo que aquí ocupa una pantalla.